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jueves, 04 junio 2026 08:18
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Promesas de campaña, el cheque en blanco de la presión perpetua

Jaqueline Robles

Una tarde lluviosa en la capital oaxaqueña me obligó al refugio, a la taza de café cargado y, por supuesto, a la reflexión obligada.
Al ver la tormenta que cayó la tarde-noche de este miércoles, una no puede dejar de imaginarse que hasta San Isidro Labrador mandó un mensaje desde el cielo para ver si, por mandato divino o evento meteorológico, se retiran los maestros y sus muy convenientes “aliados”. Pero no; ni el agua disuelve la necedad cuando hay intereses tan secos y calculados de por medio.

El conflicto actual tiene un origen que nos obliga a mirar hacia el centro del país. Para ser justos, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación -CNTE- tiene un argumento válido: el compromiso de campaña que en su momento hizo la hoy presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, respecto a la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007 y el régimen de pensiones.

Y aquí es donde la clase política debe tomar nota para no repetir errores: prometer en campaña a la ligera nunca es opción. Y menos cuando se trata del magisterio; a estas alturas, ya debieran conocerlos perfectamente y saber que una promesa firmada en el calor del mitin se convierte, para ellos, en un cheque en blanco de presión perpetua.

Sin embargo, el problema real no es la demanda nacional, sino la cerrazón táctica con la que la dirigencia la opera. No se han prestado a un diálogo efectivo porque se niegan rotundamente al análisis de las propuestas que el Gobierno de México ha puesto sobre la mesa para subsanar el tema a través del Fondo de Pensiones para el Bienestar. No quieren escuchar los “porqués” financieros de lo que piden; prefieren la intransigencia como estrategia para estirar la liga lo más posible, sin importarles desestabilizar la capital del país y, de paso, la nuestra.

Al aterrizar la mirada en lo local, la narrativa de la “lucha” se desmorona por completo. En Oaxaca, el gobernador Salomón Jara Cruz ha hecho hincapié en repetidas ocasiones y con números en mano -a través del IEEPO- sobre el cumplimiento puntual y sin precedentes que su administración ha dado al pliego petitorio estatal. Estamos hablando de una inversión histórica que supera los 6 mil millones de pesos destinados a la contratación de normalistas, pagos de rezagos, equipamiento tecnológico, mobiliario y bonos a jubilados.

El gobierno estatal ha demostrado voluntad y, sobre todo, ha alcanzado el límite de su capacidad financiera. Si las demandas locales ya tienen respuestas tangibles, ¿por qué seguir asfixiando a #Oaxaca por un asunto de orden federal?

Ahí es donde el jaloneo se vuelve perverso. Mientras las autoridades estatales buscan destrabar el conflicto en mesas tripartitas, exabruptos como el cometido por el presidente municipal de Mitla, Esaú López Quero, solo sirvieron para radicalizar los ánimos y agudizar la crisis. Su torpeza completó el cuadro de tensión con el magisterio y dejó en el aire una pregunta incómoda: ¿actuó por cuenta propia o hubo alguien detrás que le instruyó dinamitar el escenario para descarrilar la paz social en la entidad con resonancia en la federación?

Paralelamente, la fauna de supuestos “liderazgos sociales” ya olió la oportunidad y ha salido a llevar agua a su molino. No es casualidad. Estamos a las puertas de eventos de gran magnitud: el Mundial de Fútbol en México y nuestra Guelaguetza, vitrina perfecta para los parásitos de la presión, esos que se han acostumbrado a vivir del chantaje y del presupuesto público.

Caminar por el centro hoy provoca indignación, pero sobre todo, una profunda tristeza. Ahí se instalaron organizaciones de vendedores y colectivos que tienen secuestrado el Andador Turístico y hacen imposible transitar el Zócalo, la Alameda y las calles donde acampa la Sección XXII. Cada puesto, con su lona o cartulina anunciando su “solidaridad” con el magisterio, un buen pretexto para asaltar la vía pública con productos que nada tienen que ver con la cultura oaxaqueña: ropa interior, juguetes, plantas, música pirata, enseres domésticos y huipiles evidentemente clonados que abaratan y pisotean el verdadero trabajo de nuestros artesanos.

La incongruencia más dolorosa se asoma entre esos puestos: niñas y niños perdiendo el tiempo, sin clases, acompañando a sus padres en esta “rebelión del pueblo”. Leí una de las lonas y no pude evitar enojarme: “El gobierno debe procurar primero la educación de los hijos del pueblo”, decía.

¡Vaya cinismo! Si tanto les preocupa la educación de sus hijos, ¿cómo pueden tolerar, aplaudir y “apoyar” la ausencia de los maestros en las aulas?, ¿Cómo aceptan que los encargados de darles un futuro con el estudio sean los mismos que les quitan las clases y cierran las calles?

Justo cuando preparaba este texto me tropecé con la publicación de un docente en las redes que decía: “Es incongruente enseñarle a mis alumnos a defender sus derechos y dejar que pisoteen los míos; luchando también estoy enseñando”.

Habría que preguntarle a ese maestro: ¿Es congruente enseñar a los alumnos a tomar calles, a afectar la economía local y a dañar al propio pueblo? ¿Es congruente abandonar a esas criaturas por días y retrasarlas en sus planes de estudio, condenando a las nuevas generaciones a un nivel académico que, junto con Chiapas y Guerrero, nos mantiene históricamente por debajo de la media nacional?

Tampoco es un secreto cómo opera la maquinaria interna. La dirigencia utiliza a la base trabajadora, especialmente a los normalistas y nuevos maestros, como títeres y carne de cañón. Los obligan a participar en estas movilizaciones radicales bajo amenazas sindicales: si no marchan o no se plantan, no los ubican en espacios cercanos a sus comunidades o les niegan derechos, dicho por sus propios agremiados.

La verdadera congruencia sería asumir la responsabilidad de educadores, preparar a las generaciones en las aulas y exigir derechos por la vía pacífica, mediante el diálogo y sin afectar a ese pueblo por el que dicen que también luchan.

Al final del día, todo este relajo obedece a dos vertientes muy claras desde mi percepción: la primera, el burdo interés de líderes que ven en el Mundial y la Guelaguetza la coyuntura perfecta para arrancar millones de pesos al erario. La segunda, un trasfondo político más perverso: el afán de la oposición, tanto interna como externa, de golpear la administración de Claudia Sheinbaum y, por supuesto, la de Salomón Jara, a quien intentan debilitar desde hace mucho.

Y es que, a río revuelto… que rueden cabezas; que se destruyan imágenes de quienes tienen aspiraciones políticas, de quienes estorban a otros que también quieren, de los que se colaron y taparon el paso a quienes creían merecer un cargo y, por qué no, de los que administran el dinero y el poder que otros no pudieron alcanzar.

El café se ha enfriado, pero la realidad oaxaqueña sigue hirviendo. Mientras las dirigencias calculan cuántas curules federales o cuántos millones costará su “retirada” -al más puro estilo de los viejos líderes que se enriquecieron de las movilizaciones-, las calles siguen bloqueadas, los negocios cerrados y las escuelas vacías. ¿Hasta cuándo, Oaxaca?

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