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miércoles, 27 mayo 2026 01:29
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La diferencia entre el discurso y las cifras, poco a poco se reconstruye la paz en Oaxaca

Jaqueline Robles

​Tomar el café sin azúcar nos ayuda a percibir el verdadero sabor de las cosas, sin endulzantes que disfracen la realidad. Y vaya que la realidad nacional y local necesitaba una buena dosis de cafeína cargada para despertar del letargo de las opiniones sin fundamento.

El pasado lunes en la conferencia de prensa del gobernador Salomón Jara Cruz, se mencionó una vez más el avance que se tiene en la recuperación de la paz para Oaxaca. ​solo que está vez, con documento en mano, el secretario de gobierno Jesús Romero López, dio cuenta de lo que señala el Índice de Paz México 2026 (IPM 2026),  elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz (IEP).

Para quienes buscan descalificar este documento, lamento informarles que se trata de un centro de estudios independiente, apartidista y sin ánimo de lucro, respaldado en esta ocasión por la Fundación Coppel. Es decir, aquí no hay “otros datos” gubernamentales ni discursos de campaña; hay ciencia, estadística y rigor metodológico.

​Las cifras nacionales saltan a la vista: en 2025, la paz en México mejoró un 5.1%, hilando seis años de avances modestos pero constantes tras los años más negros del periodo 2015-2019.

Lo más destacable es la histórica caída del 22.7% en la tasa de homicidios del 2025, lo que se traduce en casi 7,000 muertes menos en un año.

Falta mucho, por supuesto, pues la violencia familiar y de género siguen siendo asignaturas pendientes y alarmantes en el tejido social, pero la tendencia al fin cambió de rumbo.

#​Oaxaca en la radiografía de la paz

​Pero colocaré mi café en nuestra mesa local; el informe corrobora lo que el gobernador Salomón Jara Cruz ha sostenido, y que la oposición local se ha encargado de negar sistemáticamente en un acto que ya raya en la desesperación y el mero interés político por recuperar los privilegios perdidos.

#​Oaxaca hoy ocupa el octavo lugar a nivel nacional en el índice de paz. No, este no es un discurso de informe de gobierno; es una realidad tasada por un organismo internacional.

Nuestra entidad creció cinco puntos en la reconstrucción del tejido social y la pacificación y para hacer un poquito más cargado el café a los detractores del gobierno jarista: ningún municipio de Oaxaca aparece en la lista de las tasas de homicidio más altas del país, reflejo de que algo están haciendo bien con las mesas de seguridad regional.

Además, en el penoso inventario nacional de personas desaparecidas, Oaxaca se ubica en el lugar 28 de 32, reflejando que la gran mayoría de los casos reportados concluyen con la localización de las personas con vida.

​¿Cómo se logró esto? Por supuesto no es producto de la casualidad, ni por arte de magia.

Se trata de la combinación de dos factores que la actual administración ha priorizado: el trabajo coordinado con los otros niveles de gobierno y la terquedad institucional de anteponer el diálogo antes que la represión para resolver los históricos y complejos conflictos agrarios y sociales de nuestras comunidades.

En otras palabras, el “dialogamos no bloqueamos, el Gabinete de Seguridad, los programas de atención a las causas como el Cayapadu Lii, el l equipamiento a las corporaciones y otras estrategias coordinadas con la federación, comienzan a dar resultados, contra toda crítica y mal augurio.

“Desemparejar” el miedo

​Sin embargo, como este café se toma amargo y con verdad, hay un punto flaco en el Índice de Paz México que el Gobierno del Estado no puede —ni debe— ignorar. El documento revela una paradoja en Oaxaca: mientras la realidad estadística nos coloca en el octavo lugar de paz, en la tabla de percepción ciudadana frente al miedo a la violencia caemos al lugar 22 de 32.

​Estamos exactamente en un escenario de 50-50: la mitad de la población percibe la paz que miden los indicadores, pero la otra mitad sigue viviendo con angustia y miedo. Hay un evidente divorcio entre el dato duro y el sentir de la calle.

​Esto evidencia un descuido claro en la estrategia de difusión y comunicación. El Gobierno del Estado de Oaxaca y sus aliados institucionales están operando en el territorio, pero están perdiendo la batalla de la narrativa.

Se necesita un mecanismo urgente y eficiente para comunicar los avances reales, no con propaganda vacía, sino con pedagogía social que “desempareje” ese porcentaje de miedo que aún paraliza a la mitad de los oaxaqueños.

​La oposición seguirá haciendo su trabajo: magnificar la percepción del caos para lucrar políticamente. Al gobierno le toca el suyo: seguir pacificando las regiones, pero también aprender a comunicarlo para que la paz no solo se firme en las minutas de acuerdo, sino que se sienta en el ánimo de la gente.

​El camino es largo y, vamos despacio… pero al final, los datos demuestran que sí se va por el camino correcto.

Mientras tanto, ​me serviré otra taza de café, que todavía queda mucho por analizar.


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