
La comedia del Partido Verde en Oaxaca: Escobar, el “manual de la lealtad” y el espejismo guinda de Silva Rom
Jaqueline Robles
Hay que reconocerle al Partido Verde Ecologista de México-Oaxaca (PVEM) un talento innegable: la capacidad de armarse unos enredos conceptuales dignos de aplauso. Este miércoles, el líder nacional verde, Arturo Escobar, cayó por la capital oaxaqueña para regalarle a la ciudadanía una verdadera cátedra de acrobacia discursiva.
Flanqueado por un Pepe Estefan al que, entre tanto malabarismo, se le hizo engrudo el libreto en la reciente entrevista que le hicimos, Escobar vino a dar a conocer la “gran novedad” de que ponderan a Raúl Bolaños-Cacho Cué para la gubernatura, ese excelso político al que los oaxaqueños tienen el privilegio de contemplar única y exclusivamente cuando hay boletas de por medio en el calendario.
Pero el plato fuerte de la comedia vino cuando abordó la contienda por la alcaldía de Oaxaca de Juárez. Con la herida aún sangrante y el despecho a flor de piel por la partida de Ray Chagoya, Escobar sacó el “lealtad-ómetro” para exigir cuadros firmes, leales y comprometidos hasta la médula con la causa ecologista.
Y justo después de semejante sermón sobre la fidelidad partidista procedió a bendecir como su gran carta a Luis Alfonso Silva Romo.
El detallito -un “pequeño” matiz que al parecer solo la cúpula del Verde no quiere ver- es que los únicos en todo #Oaxaca que están convencidos de que Silva Romo es gente del Partido Verde son los propios dirigentes de ese instituto político.
Habrá que preguntarle a Arturo Escobar quién le vendió ese cuento de hadas o qué clase de mapa le mostraron. Porque en la realidad, la fidelidad verde de Silva Romo existe solo en la fantasía de quienes lo justifican por ser parte de su bancada parlamentaria.
Las pruebas de que Silva Romo ya ni disimula su verdadera camiseta saltan a la vista de cualquier oaxaqueño:
Tucán y guinda por conveniencia, pero por convicción , puramente “LuisAlfonsista”. Y es que en cada escenario en el que se presenta, en cada lona, flyer, camisa y publicación de redes sociales, Silva Romo grita a los cuatro vientos su pertenencia a Morena. Todo su vestuario, su imagen institucional y su narrativa son estrictamente guindas y el “yo-yo” discursivo. Del ecologismo no tiene ni el tono del chaleco; del Verde solo conserva las siglas en el papel para que le sumen en las encuestas patito.
Para autodestaparse como aspirante a la presidencia municipal, Silva Romo utilizó la estructura de quien hoy “su partido” rechaza, la que Ray Chagoya construyó y que él no tenía forma de juntar por sí solo. Eso sí, a la hora del discurso estelar, le aplicó un desplante olímpico a la dirigencia del Partido Verde.
El honor del espaldarazo se lo reservó complacido a la cúpula morenista, generando de paso la molestia del actual edil y, aunque no se diga públicamente de algunos morenitas de cepa.
Con un historial de chapulín que salta de instituto en instituto según sople el viento electoral, Silva Romo demuestra que su única lealtad es con la conveniencia del momento.
Al final, la dirigencia del Verde intenta venderle al electorado oaxaqueño una narrativa de “lealtad y compromiso” con un candidato que los usa de simple muleta partidista y que viste, respira y se promueve abiertamente bajo otra bandera.
Un espectáculo donde el rencor hacia los que se fueron obligó a la cúpula verde a adoptar a quien ni siquiera en el color de la camisa los representa.












