
Jaqueline Robles
En tiempos donde la política parece pretender resolverse a golpe de clics, la realidad territorial sigue siendo la única báscula que no admite trucos ni simulaciones. Las simpatías ciudadanas no se construyen con algoritmos, ni se ganan creando páginas de redes sociales nutridas con seguidores falsos. El respaldo popular no se compra en paquetes de interacción digital; se demuestra y se refleja en las calles, ahí donde la decisión de la gente de seguir a sus líderes se traduce en presencia real, viva y orgánica.
Hay eventos políticos que trascienden la simple agenda institucional para convertirse en auténticos escaparates donde se miden fuerzas y se leen los momentos clave del poder local. La presentación del Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la capital oaxaqueña fue, sin duda, uno de ellos.
Aunque el Auditorio #Guelaguetza reunió a más de 12 mil personas entre autoridades y representantes, la narrativa política de la jornada comenzó a escribirse mucho antes de que se escuchara el mensaje presidencial, justo en las calles de la ciudad.
Ray Chagoya no llegó solo.
Encabezando una multitudinaria calenda, el presidente municipal caminó flanqueado por más de cinco mil vecinas y vecinos procedentes de las trece agencias municipales, así como de colonias, barrios y parajes de Oaxaca de Juárez. A este contingente se sumaron dirigentes de los emblemáticos mercados capitalinos e integrantes del Cabildo, transformando el ascenso al Cerro del Fortín en un claro mensaje de cohesión.
Más allá del colorido, la música y la fiesta popular, la movilización tuvo una lectura eminentemente política: Chagoya mostró músculo.
Evidenció organización, presencia en el territorio y una capacidad de convocatoria transversal que hoy abarca a los distintos sectores de la sociedad oaxaqueña. De cara a las definiciones y aspiraciones rumbo a la contienda municipal, estas demostraciones adquieren un significado determinante.
El edil capitalino sostuvo además un rol protocolario de primer nivel. Junto al gobernador Salomón Jara Cruz, recibió a la Presidenta de México y le entregó el bastón de mando, reafirmando la coordinación entre el gobierno federal, estatal y municipal, así como el respaldo de la Federación a la capital.
La jornada dejó dos estampas imborrables para el Ray Chagoya: por un lado, la cercanía y la solvencia institucional ante la mandataria nacional; por el otro -y acaso el más revelador en términos políticos-, el respaldo masivo de la ciudadanía.
Porque en el ejercicio del poder, una cosa es ocupar una silla en la primera fila y otra muy distinta tener al pueblo caminando a su lado.
Ese contraste resultó evidente frente a otros actores que han hecho públicas sus aspiraciones rumbo a la alcaldía. El caso de Luis Alfonso Silva Romo sirvió de muestra: mientras el legislador mantuvo una participación sobria y carente de acompañamiento social, el presidente municipal capitalino desplegó un músculo social que marcó distancia.
Ciertamente, un evento no determina el resultado final de un proceso electoral, pero sí establece las señales del momento político. La fuerza no se sostiene solo en declaraciones, cargos de coyuntura o reflectores mediáticos; se valida en la capacidad de organización y en el arraigo con la gente.
Ray Chagoya decidió mostrar sus cartas en el terreno de juego real, y ante miles de miradas que acompañaron su paso, más de un observador político tomó debida nota.












