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sábado, 19 septiembre 2026 22:25
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Jaqueline Robles

Puerto Escondido, Oaxaca.-
Este fin de semana no fue uno cualquiera en Puerto Escondido. Quien conozca este rincón del Pacífico sabe que estar aquí es una de las experiencias más gratificantes de la vida: arena, mar, sol y esa calidez única que caracteriza a la gente costeña.

Sin embargo, tras la clásica estampa turística, la jornada guarda un marcado contraste entre la agenda gubernamental y la vulnerabilidad cotidiana.

Cerca de la bahía principal, en las instalaciones del 54 Batallón de Infantería, la dinámica política transcurre a su propio ritmo. El gobernador del estado, Salomón Jara Cruz, encabeza la entrega de apoyos para los refugios temporales, como parte de una serie de actividades y reuniones programadas en diversos puntos del de esa agencia de San Pedro Mixteoec.

Una comitiva oficial activa, pero cuyo despliegue pasaba desapercibido para la gran mayoría de la población local y los visitantes.

En la franja costera, en las  calles y los negocios, las horas transcurrían con aparente tranquilidad. El turismo disfrutaba de una jornada calurosa aunque ligeramente nublada, conviviendo con el desorden urbano y la saturación que gradualmente se vuelven más notorios en el destino.

De pronto, la cotidianeidad se fracturó. Primero vibraron las pantallas de los celulares; segundos después, el eco retumbó en los altoparlantes: ¡Alerta Sísmica! ¡Alerta Sísmica!

En cuestión de instantes, el ambiente festivo mutó en tensión. En plazas comerciales, hoteles, restaurantes y viviendas, algunas  personas comenzaron a movilizarse. Más por un impulso primario de supervivencia que por una preparación consolidada, la gente buscó los espacios abiertos para encarar un evento telúrico que, en esta ocasión, formaba parte del Simulacro Nacional.

La maniobra movilizó a las autoridades de los tres niveles y derivó más tarde en un encuentro virtual  de emergencia, encabezado, desde la Ciudad de México, por el secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, a fin de dar cuenta de los resultados del ensayo a nivel país.

Pero en los barrios de la agencia municipal, la simulación dejó al descubierto serias deficiencias. La respuesta ciudadana fue empujada por el temor y el afán de resguardo, no por la educación en la materia. Escasearon las mochilas de auxilio, no se observaron esquemas familiares de prevención previa y el desorden prevaleció durante el desalojo de los inmuebles.

Aunque el trabajo institucional aún exige mayores esfuerzos, la jornada evidenció una carencia aún más notoria: el desinterés de la población por asumir con rigor las recomendaciones de Protección Civil.

En una zona costera catalogada como de alta actividad sísmica, la ausencia de Comités Vecinales orientados a la gestión de riesgos sigue siendo una asignatura pendiente.

El ejercicio concluyó, el murmullo de las olas recuperó el protagonismo y la vida volvió a su cauce. No obstante, la advertencia quedó flotando en el aire: ante la fuerza de la naturaleza, el instinto ayuda a reaccionar, pero únicamente la cultura de la prevención garantiza la seguridad real.

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