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miércoles, 11 marzo 2026 22:08
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Jaqueline Robles

En las montañas de la Mixteca, donde la tierra ha sido testigo de décadas de esfuerzo y resistencia, un grupo de productores de Santa María Yucuití ha encontrado en el café de especialidad no solo un cultivo, sino una opción de vida.

Entre ellos destaca Flor Eva Pérez Cuevas, representante de los cafeticultores locales, quien junto a jóvenes técnicos y comunitarios ha tejido una red de organización que busca transformar la economía de sus familias y el futuro de su municipio.

Con cerca de mil productores —la mitad dedicados al café de especialidad— Yucuití enfrenta retos que van más allá del mercado: plagas que desde 2006 han devastado plantaciones criollas, escasez de insumos y la necesidad de innovar para sobrevivir. Aun así, la comunidad ha logrado mantener viva la producción, alcanzando en 2025 las 12 toneladas de grano, con perfiles de sabor que van desde los florales de las geishas hasta los matices achocolatados de las variedades borbón y típica.

El camino no ha sido sencillo. La organización nació en 2013 gracias a un financiamiento de la cooperación alemana, que permitió a 26 productores incorporar secadores solares como innovación en sus procesos. Desde entonces, la apuesta ha sido clara: garantizar calidad y trazabilidad, desde la planta hasta la taza. Y aunque aún buscan un espacio propio para la comercialización, la reputación de la región en el mercado nacional de especialidad se ha consolidado por la limpieza y cuidado en cada etapa de producción.

En este nicho, el precio no lo dicta la bolsa de valores, sino la calidad. Los cafés de Yucuití han alcanzado puntajes de hasta 88.9 en cataciones, lo que les permite vender a un promedio de 120 pesos por kilo. Una cifra que refleja no solo el valor del grano, sino el reconocimiento al trabajo de quienes han convertido la adversidad en oportunidad.

Hoy, Santa María Yucuití se levanta como ejemplo de resistencia y visión comunitaria: un pueblo que, entre plagas y carencias, ha logrado que su café no solo sobreviva, sino que conquiste paladares y mercados, llevando consigo la historia de lucha y esperanza de sus productores.

 

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