Cabecera
lunes, 16 febrero 2026 16:36
FB_IMG_1771264168206

Jaqueline Robles

Las decisiones que está tomando el gobernador Salomón Jara Cruz respecto a los cambios en su gabinete son mucho más que simples enroques o acuerdos maquillados.

En sus manos no está únicamente la última etapa de su administración, sino la posibilidad de pasar a la historia como el primer gobernante de izquierda en Oaxaca que reivindicó ese papel desde el poder… o de quedar relegado al basurero de la historia, donde ya reposan muchos de sus antecesores.

El reto es mayúsculo. Jara enfrenta a una oposición organizada, disciplinada y con objetivos claros, cuando de noquear a un contrincante se requiere. Ello se evidenció en la jornada de revocación de mandato, donde la suma de voluntades de quienes perdieron privilegios a la llegada de Jara Cruz, le arrebataron el triunfo en municipios clave para su proyecto.

El gobernador, en su afán de consolidar el primer gobierno de izquierda en la entidad, no midió en un principio las consecuencias de sus decisiones: las ambiciones de quienes lo rodeaban, la injerencia familiar en la conformación del gabinete y las repercusiones de alianzas con personajes que hoy se manifiestan en su contra.

Oaxaca, históricamente bastión del priismo, se ha convertido en una de las joyas más preciadas para Morena. Ganar aquí significa votos, poder y continuidad. Pero también significa enfrentar un historial de corrupción brutal y de impunidad rampante, con nombres como Gabino Cué, Alejandro Murat, Ulises Ruiz y José Murat como recordatorio de lo que ocurre cuando la corrupción se normaliza.

Por eso, las decisiones de Jara no son meros ajustes administrativos: son operaciones quirúrgicas que definirán si Morena sostiene este bastión o lo pierde.

El hermetismo sobre los relevos en el gabinete es evidente, aunque en las redes la misma oposición ya se ha encargado de adelantarse, de generar especulación con nombres que provocan rechazo en su estrategia permanente de descalificación al mandatario. La suspensión de las conferencias mañaneras es una señal clara de que el gobernador no puede presentarse ante los medios mientras se define quiénes se quedan y quiénes se van.

Y aquí está la clave: Oaxaca no tolerará más abusos de poder ni la presencia de figuras ligadas al viejo priismo, al panismo o al nepotismo familiar. La ciudadanía exige funcionarios aceptables, sin afanes protagónicos y con disposición a trabajar por el pueblo, no por intereses personales.

Si Jara quiere reivindicar su gobierno y garantizar la continuidad de su proyecto político, deberá actuar con mucha inteligencia, sensatez y firmeza.

Los que se van deben hacerlo con humildad y gratitud hacia el pueblo que les permitió ocupar esos espacios. Los que llegan deben ser perfiles que representen confianza, transparencia y compromiso real.

Porque al final, de las decisiones del gobernador y de las actitudes de su equipo depende que Oaxaca avance… o retroceda.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.